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Mediación Escolar

Ejemplos de conflictos escolares: tipología y estrategias de resolución

Conflictos escolares clase instituto

Los conflictos en el ámbito escolar no son un hecho nuevo de nuestro tiempo, siempre han existido y siempre existirán, son parte de la vida de los centros educativos y un elemento más que hacen del espacio escolar un lugar de aprendizaje y de desarrollo personal de los estudiantes.

Para los profesionales de la educación saber analizar y conocer los tipos de conflictos escolares nos puede ayudar en la selección de la estrategia o la técnica para una resolución positiva.

Trataré de explicaros en este post una tipología sencilla que os ayudará a enfocar los conflictos hacia la mediación escolar en unos casos y hacia otras posibles estrategias en otros.

Por último, también os dejaré una pequeña reflexión, con intención de ampliarla más adelante, sobre los nuevos conflictos escolares que surgen con el proceso de masiva digitalización de los procesos de enseñanza y aprendizaje, acelerado con la pandemia del COVID-19.

Ejemplos de conflictos escolares

Tipología tradicional de los conflictos escolares

Diferentes estudios y autores establecen tipologías muy diversas sobre la conflictividad en las escuelas.

Como en cualquier otro elemento relacionado con la educación, las realidades de cada centro y cada entorno escolar determinan su tipología especial de conflictos, si bien podemos hacer una sencilla clasificación que nos ayude a establecer pautas o procesos de resolución en función del nivel del conflicto y su forma.

En la siguiente imagen podemos ver tres niveles diferentes donde encajar los diversos conflictos.

Nivel 1: Conflictos comunes

El primer nivel es, en la mayoría de los centros educativos, donde se trabaja habitualmente todo lo relacionado con la gestión de la convivencia y la disciplina escolar.

Son conflictos habituales y con un impacto social reducido que pueden ser gestionados por el profesorado y el alumnado, sobre todo si existe un sistema formativo en técnicas de resolución de conflictos, como puede ser la Mediación Escolar.

Tener personas de los diferentes estamentos de la Comunidad Educativa, formadas en las técnicas de la mediación, facilita mucho dos elementos claves en la gestión de los conflictos escolares:

1. Se crea una red de personas formadas en detección y análisis de conflictos que son claves para evitar la escalada de un posible problema.

Esto es fundamental por ejemplo en los casos relacionados con los nuevos medios digitales, con las redes sociales, etc. Su detección temprana evita que puedan llegar a convertirse en serios problemas de ciberbullying, sexting, groming, etc.

También en conflictos más tradicionales y de violencia directa como las peleas, este sistema de detección puede ayudar a parar una posible escalada de un conflicto que en principio no parecía demasiado importante, como podría ser una discusión en una actividad deportiva en el patio de la escuela.

Conflictos escolares comunicación ejemplos

2. Mejora notablemente la participación de la comunidad educativa, fundamentalmente profesorado y estudiantes, pero también padres y madres, en la gestión de la convivencia y la resolución de los conflictos.

Esta visión comunitaria de la gestión de aspectos importantes del centro escolar afianza los valores de la educación en el entorno y sobre todo el sentimiento de pertenencia al centro y de ayuda para que su funcionamiento sea el mejor posible.

Formar parte de un Equipo de Mediación en una escuela es una responsabilidad, pero también una forma de dar a los demás y aportar al centro escolar en el que el estudiante estará muchos años de su vida.

Conflictos escolares con violencia ejemplos

Nivel 2: Conductas disruptivas en el aula

El segundo nivel está relacionado con estudiantes que presentan problemas que el entorno escolar normal difícilmente puede gestionar.

Son casos en los que es necesaria la intervención de especialistas de otros campos como la Medicina, la Psicología o la Educación Social.

Son estudiantes que presentan problemas conductuales que impiden, de manera constante, el normal desarrollo de los procesos educativos tanto para él o ella como para el resto de los estudiantes.

Los protocolos de gestión que se pueden aplicar son diseñados de forma genérica por las administraciones educativas, aunque su aplicación real en el aula es muy complicada sin la ayuda especializada de expertos o tratamientos médicos específicos.

No obstante, en este tipo de casos es de suma importancia establecer, por el Equipo Docente del estudiante, un protocolo claro y concreto de actuación en los momentos en los que se genera el problema dentro del aula.

Este protocolo deberá contener incluso las palabras con las que el profesor se dirigirá al estudiante para intentar gestionar la situación desde el inicio.

Utilizar técnicas de asertividad, como el disco rayado o técnicas de escucha activa, pueden ser validas en algunos casos.

También estarán especificados en este protocolo los siguientes si los primeros no dan resultado.

La actuación coordinada y estandarizada puede ser una de las claves en la gestión de estos casos de disrupción en el aula.

Nivel 3: Conductas antisociales

El tercer nivel de conflictividad es algo más complejo y representa los conflictos que normalmente salen de los centros escolares, bien porque se producen en otros espacios sociales, bien porque se generan dentro y luego se extienden hacia afuera o también porque se crean y escalan en entornos digitales.

Para encuadrar un conflicto escolar en este nivel debería tener una historia prolongada en el tiempo o bien ser un hecho que podríamos calificar como delictivo.

Los centros escolares no tienen actualmente capacidad para gestionar este tipo de problemas y necesitarían de gran experiencia y personas muy expertas, incluso equipos interdisciplinares, para poder gestionarlos y resolverlos en el entorno escolar, lo que sin duda sería un gran avance y evitaría la masificación de los sistemas de justicia en entornos con elevados niveles de delincuencia juvenil.

Este modelo se utilizó en los primeros momentos de creación de los sistemas de Mediación Escolar en las zonas más conflictivas de ciudades de Estados Unidos, en la década de los sesenta y setenta del siglo pasado, donde los problemas entre bandas de jóvenes rivales acababan llevando los conflictos a las escuelas.

A partir de la mediación de ex miembros de dichas bandas se intentaba la resolución antes de la escalada del conflicto que, sin duda, siempre acabaría repercutiendo en la convivencia del centro educativo y en el sistema judicial.

Ahora en el siglo XXI, el mundo digital traspasa los conflictos puramente físicos y extiende este tercer nivel hacia una esfera mucho más imprecisa, mucho menos visible y mucho más “líquida”.

Hablamos de ciberbullying, sexting, groming o cualquier otra práctica en Internet donde la privacidad, la identidad digital y la propia persona se ven seriamente atacadas.

En este nivel de conflictos escolares debemos ser conscientes de que las estrategias y técnicas más analógicas como la Mediación Escolar, deben ser adaptadas y mejoradas para este nuevo entorno y estos nuevos conflictos.

Existen ya muchas experiencias donde los mediadores se convierten, con una formación específica, en cibermediadores o en cibervigilantes para este tipo de conflictos escolares, cuya base sigue siendo la convivencia y las relaciones entre las personas, pero han pasado a producirse en espacios no físicos, atemporales, asincrónicos y cuya repercusión y extensión puede ser exponencial en muy poco tiempo.

Conflictos escolares sin mediación ejemplos

Nuevos conflictos escolares en la educación no presencial online

La situación vivida en los sistemas educativos como consecuencia de la pandemia del COVID-19 durante este año 2020, nos obliga a replantearnos algunos de los elementos básicos de la convivencia, de las normas y de la gestión de los conflictos en los centros escolares.

La masiva, y sobre todo acelerada, digitalización de los procesos de enseñanza y aprendizaje no ha dejado tiempo suficiente para pensar en este aspecto fundamental del proceso educativo.

Esto ha generado nuevos conflictos para los que el propio sistema no estaba preparado y las actuaciones han sido muy diversas y aisladas, basadas en el sentido común, pero sin ninguna reflexión previa sobre el nuevo escenario educativo y sobre las consecuencias que para todos los actores tenía esta situación.

Creo que es absolutamente necesario para la convivencia futura de los centros escolares hacer un proceso de análisis y reflexión sobre cómo gestionar esta nueva situación de convivencia, comenzando por cosas tan sencillas como hacer un listado de los conflictos que pueden darse en este tipo de enseñanza no presencial y, dependiendo del nivel educativo, pensar en procesos de gestión y de resolución adecuados a la nueva realidad digital.

Los centros que no hagan este proceso y simplemente esperen que la Administración Educativa correspondiente les resuelva el problema, estarán comportándose como el avestruz y se verán desbordados por conflictos ante los que no sabrán cómo actuar y cuya fuerza y capacidad de expansión será como la del propio COVID-19.

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